lunes, 22 de enero de 2018

Nosotros en la noche

"Y entonces llegó el día en que Addie Moore pasó a visitar a Louis Waters. Fue un atardecer de mayo justo antes de que oscureciera."
Así comienza "Nosotros en la noche", directo y sin rodeos ni preámbulos innecesarios. La novela de Kent Haruf que es prácticamente una obra póstuma ya que fue lo último que escribió el autor conociendo ya la inminencia de su muerte y publicada después de que esta sucediera, presenta a sus protagonistas en la primera línea del texto y así de inmediata es en todo: Addie tiene una propuesta clara que hacer a Louis, ambos viven en la misma calle de una pequeña ciudad provinciana y aunque se conocen hace muchos años nunca han tenido demasiada relación. Ahora, una vez jubilados y viudos tiene ocasión de reunirse, recordar y repasar sus vidas relatándoselas el uno al otro y, sobre todo, de hacerse mutua compañía. Ella es clara y asertiva como lo prueba su propuesta, él tiene más dudas al principio, tal vez porque le pilla por sorpresa, pero enseguida ve las ventajas del plan.
"No, sexo no. No lo enfoco así. Creo que perdí el apetito sexual hace tiempo. Yo hablo de pasar la noche. De acostarse calentitos, acompañados. Meterse juntos en la cama y que te quedes toda la noche. Las noches son lo peor, ¿no crees?"
La novela es breve, con capítulos cortos, emplea una gran economía de lenguaje por medio de frases simples de  gran eficacia narrativa, con una ausencia total de retórica que no se demora en descripciones innecesarias. Así y todo, el relato no resulta frío, sino que logra transmitir con eficacia una historia de personas que, a pesar de su edad, están dispuestas a seguir adelante, a continuar viviendo con nuevas ilusiones, sin miedo al que dirán, incluso a empezar todo de nuevo. Ambos son conscientes de los errores cometidos con anterioridad, nada trata de edulcorar su pasado, pero se encuentran capaces de actuar ahora de acuerdo con lo que verdaderamente creen que es correcto. 

Una novela breve pero que condensa eficazmente el mensaje que trata de transmitir: la capacidad de cambiar, el peso de la familia y el valor de actuar de acuerdo con lo que nos hará felices a pesar de todo. Una maravillosa lectura que, sin llegar a ser melancólica, te deja pensando en cómo afrontamos nuestra propia vida y las decisiones que tomamos, en la posibilidad de que cuando lleguemos a la vejez nos podamos arrepentir de lo que no hicimos cuando pudimos o debimos.

martes, 16 de enero de 2018

El asesinato de Pitágoras

Marcos Chicot ya me conquistó con su anterior novela "El asesinato de Sócrates" y su magnífica reconstrucción de la Antigua Atenas. En esta nueva novela, "El asesinato de Pitágoras", la acción se traslada desde las ciudades de Atenas y Esparta a la Magna Grecia, las colonias que los griegos fundaron a lo largo de las costas del sur de la península itálica y la isla de Sicilia y más concretamente a la ciudad de Crotona donde el insigne Pitágoras, matemático y filósofo "hombre que persigue el conocimiento", ha fundado la más importante de sus comunidades. La hermandad de los pitagóricos defiende un modo de vida basado en el estudio de la geometría, las matemáticas, la música, la meditación y ejercen, no solamente el poder intelectual, sino que también aspiran al poder político para crear una federación de ciudades ideales basadas en la razón y el gobierno de los mejores. Junto a Crotona, el otro escenario fundamental de la acción es la ciudad de Síbaris, de donde proviene el término "sibarita", una ciudad de grandes riquezas cuyos habitantes son igualmente devotos del lujo y del disfrute como también del estudio y el conocimiento. Los planes de expansión de las comunidades pitagóricas son ambiciosos:
"El sueño final de Pitágoras era un mundo en el que no hubiera diferencias de trato ni de derechos jurídicos por pertenecer a diferentes razas o naciones. Una comunidad mundial basada en los principios de hermandad, espiritualidad y justicia.
También soñaba con que los conocimientos de la hermandad continuaran desarrollándose. Las leyes de la naturaleza estaban al alcance de los sentidos y el intelecto."
Pero esos planes chocarán con los intereses más terrenales de sus rivales. Cuando Pitágoras comienza a plantearse su retirada de la vida activa, uno de los candidatos a sucederle de entre los maestros más avanzados es envenenado y el temor se extiende por la comunidad. Pitagóras recurre a Akenón, un investigador egipcio procedente de Cartago que ya ha demostrado su habilidad deductiva en la resolución de asuntos diversos durante sus años al servicio del faraón egipcio y otras ciudades como la misma Sibaris. Conocedor de la geometría por ser hijo de un especialista en la materia, Akenón ha dedicado su carrera a otros asuntos más terrenales pero que también requieren de su inteligencia, agudeza y capacidad de deducción. En su investigación tendrá el apoyo de Ariadna, hija de Pitágoras e iniciada en los estudios de la orden pero que se resiste a asumir los sacrificios y renuncias que supone la vida dedicada en exclusiva al estudio. Pronto, la chispa romántica saltará entre ambos.

El relato se configura en base a personajes bien dibujados y unos escenarios muy bien descritos y si bien el misterio a resolver, la investigación de los sucesivos asesinatos, no llegan a atrapar el interés por igual a todo lo largo de la novela, con altibajos en la acción, alcanza un buen nivel según avanzamos y nos acercamos al final. Tampoco el mundo de las matemáticas y la geometría logra resultar apasionante, sí interesante pero no tan arrebatador como se esperaría. En cualquier caso, con una equilibrada dosis de escenas de la vida cotidiana de aquella civilización, episodios bélicos, algo de violencia excesiva en algunos momentos, un poco de romance, una pizca de suspense y bastante de teoría matemática e Historia Antigua, el resultado del cóctel acaba componiendo una obra que resulta, en su conjunto, entretenida e interesante, si bien en mi opinión queda por debajo del nivel de la anterior sobre Sócrates pero, así y todo, es una buena lectura que ilustra muy bien la época histórica en la que se desarrolla.

miércoles, 10 de enero de 2018

Los Cinco y yo

No había leído todavía nada del escritor madrileño Antonio Orejudo, a pesar de la fama de autor de gran calidad que le acompaña desde hace ya tiempo y de que lo tenía anotado en mi lista de autores por descubrir con alguna de sus obras anteriores. Y ha sido con esta ultima novela suya cuando no he podido resistirme a la tentación de conocer su revisitación de los personajes que llenaron de felicidad mis primeras horas de lectura infantil. En "Los Cinco y yo" Orejudo traza una suerte de biografía sentimental a partir del retrato de los protagonistas de la inolvidable serie de novelas creada por Enyd Blyton, aquellos cuatro chicos y su perro que siempre estaban en permanentes vacaciones y pasaban su tiempo entre baños en la playa, meriendas con pasteles de riñones, remando y descubriendo tesoros ocultos sin parar.

Claramente, la vida real del autor, por comparación con aquellas existencias idílicas, es mucho más amarga que la de los cuatro primos ingleses; es la infancia de los años 60 españoles, donde Toni es uno de tantos niños nacidos con el baby boom que superpoblaban los nuevos barrios de los ensanches de las ciudades, jugando entre descampados, hijos de padres que emigraron del pueblo a la ciudad y se apelotonaban en minúsculos pisos de nueva construcción muy alejados de cualquier playa. Luego vino la transición hasta el desencanto de la juventud y la crisis de los 2000 ya como adulto que enfrenta su vida al escenario ideal de la playa de Kirrin. En este análisis de las novelas de Blyton llega al punto de extraviarse en reflexiones sobre la vida privada de las familias protagonistas, digresiones sobre los padres de los chicos, aquellos adultos que apenas transitaban por las novelas y de los que no conocíamos apenas nada, pero que aquí son analizados con profundidad en presuntos análisis de su personalidad donde asoman aspectos oscuros e inesperados de sus verdaderas circunstancias personales, así como teorías sobre cómo evolucionaron en el tiempo los primos y en qué adultos se convirtieron. Todos estos futuribles no salen directamente del discurso del narrador, sino que éste los extrae de una supuesta novela escrita por uno de sus grandes amigos y titulada "After Five", donde se analizan todos estos aspectos. Así y todo, es interesante esa forma de fantasear con lo que podía haber sido las vidas de aquellos Cinco más allá de lo que se nos contaba en las novelas, si bien todo lo que vino después fuera decadencia, lejos del brillo y la inocencia de aquellas emocionantes aventuras de veranos interminables. 

También hay que reconocer que, por desgracia, cuando el relato pasa de las historias de Los cinco propiamente dichas y se centra en la propia maduración del autor y su generación, en el paso de la adolescencia a la juventud, en la crisis generalizada de la época de los ochenta, con el planteamiento de los problemas éticos y morales del crecimiento, del paso a la edad adulta con la dificultad de mantener los ideales o sueños de la primera juventud, todo tipo de conflictos éticos como el del enriquecimiento frente a la responsabilidad de proteger el medio ambiente, todos estos temas, todos profundos y serios, hacen que se pierda, sin embargo, el tono evocador que me atrajo al inicio del libro con aquella revisión de los personajes idealizados de nuestra infancia, derivando hacia una narración que destila pesimismo y amargura, cosa que nunca ocurría cuando leíamos a Los Cinco.

viernes, 5 de enero de 2018

Ana

Empiezo fuerte el año con la reseña de la novela "Ana", del polifacético Roberto Santiago, guionista, director de cine y escritor del que hasta el momento sólo conocía su serie de novelas infantiles Futbolísimos, de gran éxito entre la chavalería y que ha dado finalmente el paso a la literatura para adultos con esa intensa e inquietante historia con la que me he introducido en el mundo del juego, de los casinos, del juego online, de los ludópatas y su lucha contra un sistema que les impide o, como poco, les hace muy complicado el alejarse de su afición convertida en vicio insuperable que les arruina la vida, les aleja de su familia y puede llegar a acabar en una vorágine de deudas, amenazas y caída en un mundo sórdido que nadie adivina cuando se encuentra ante la atractiva y prometedora ruleta o la divertida partida de póker en una noche de fiesta con amigos.

Ana, la protagonista que da nombre a la novela, es una mujer desequilibrada, llena de adicciones, con una vida solitaria y autodestructiva pero también es una abogada concienzuda, obcecada y absolutamente entregada a su trabajo. Así encontramos a Ana manejando dos casos en paralelo: la demanda contra el casino que llevó a su hermano ludópata a la muerte y la defensa de su mejor y única amiga en una complicada demanda de divorcio donde los malos tratos, la lucha por la custodia de las hijas y el enfrentamiento enconado de los cónyuges dificultan el acuerdo. A pesar de las dificultades, la abogada peleará por sus representados con uñas y dientes, arriesgando en ello su prestigio profesional, su escaso patrimonio e incluso su precaria salud.

Aunque el libro se presenta como un tocho gordísimo nunca se hace largo debido a que la acción es vertiginosa de principio a fin con constantes giros, complicaciones, problemas y sorpresas procedentes tanto de los procedimientos judiciales complejos como de las difíciles relaciones familiares y personales de los personajes que hacen casi imposible sacar adelante los juicios en marcha pero la testarudez de la protagonista se impone a pesar de las traiciones, los golpes reales y figurados que recibe y las muchas dificultades que se le plantean.

Los personajes resultan creíbles a pesar de ser bastante extremos. La voz de Ana, que relata la historia en primera persona, es veraz; no detectamos detrás al autor masculino en esa mujer dura y luchadora, hecha de derrotas y desencantos pero que sigue con su pasión intacta por ayudar a que se haga justicia y los malos sean castigados en cualquier circunstancia aunque para ello sea preciso arriesgar todo lo que tiene. El escenario y el tono de la novela son muy intensos, no exentos de violencia en un mundo como es el del juego cuando este deja de ser un entretenimiento y se convierte en un negocio, una obsesión, que resulta en ocasiones hasta peligroso. Y por otra parte presenta el ambiente de los juzgados, abogados y fiscales en defensa de los respectivos intereses, los vericuetos en que se enredan los procesos judiciales y el trabajo de a pie de los abogados, de los honrados que realizan su trabajo tratando de imponer los principios de justicia, con veracidad y respetando la ley y los tiburones que retuercen el sistema hasta el extremo para amoldarlo a sus necesidades y a los intereses de sus clientes por encima de todo lo demás.

Me ha resultado, en fin, una lectura apasionante, que mantiene el interés siempre en alto sin dar tregua a la pobre Ana con la que no he podido evitar congeniar y sentir muy cercana a pesar de sus muchos errores, debilidades y defectos. Eso es lo que ocurre cuando nos encontramos ante un personaje principal bien construido como es el que nos ofrece Roberto Santiago en esta estupenda novela.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Tormenta de nieve y aroma de almendras

Retomo nuevamente a mi querida Camilla Lackberg, la autora nórdica que se ha colado entre mis autores de cabecera a los que sigo fielmente, con la lectura de este libro de relatos que se inicia con el titulado "Tormenta de nieve y aroma de almendras" que da también nombre al volumen y que, a pesar del aire evocador del tiempo navideño en el que se sitúa temporalmente, no resultará en absoluto entrañable ni encantador, como ya nos podemos imaginar siendo un producto de la maestra sueca del crimen. Respirando todo el aire de las historias clásicas de Agatha Christie de la que la Lackberg es una discípula aventajada, la historia nos presenta un asesinato por envenamiento con cianuro que ocurre en el marco de una reunión familiar previa a laNavidad en una isla aislada por una tormenta de nieve; un misterio por resolver con unos sospechosos limitados a los presentes en el lugar y rodeados de nieve infranqueable al más puro estilo de "Asesinato en el Orient Express", aunque finalmente resulte ser un caso más bien heredero de Sherlock Holmes.

Tanto esta, que es la de mayor extensión, como las otras cuatro narraciones que completan el volumen tienen entre sus protagonistas a algunos de los personajes ya conocidos anteriormente por la serie de novelas del policía Patrick Hedström y su equipo de la comisaría de Fjällbacka. Las historias son en ocasiones apenas breves fábulas muy bien trazadas, con personajes cuyas vidas se cruzan en tramas no siempre policiales aunque tengan a policías como protagonistas. Casos de diverso tipo, criminales o no, pero todos ellos con final insospechado y sorpresivo.

El volumen se completa con "La escuela del crimen", un breve apartado con consejos de la autora, ejercicios de escritura y lecturas recomendadas para aquellos que sientan la tentación de ponerse manos a la obra con su primera novela de misterio, por si se da el caso, como se dice de las bodas, de que "de una novela sale otra" ¿Alguien se anima a intentarlo?

lunes, 25 de diciembre de 2017

Navidades trágicas

Leer a Agatha Christie es una buena costumbre que de vez en cuando retomo y es que no hay  experiencia con la Dama del Crimen con la que no acabe satisfecha, siempre triunfo con la gran maestra y pionera del género de misterio que en esta ocasión demuestra que siempre mantuvo perfectamente engrasada la máquina de crear historias criminales ya que el origen de esta "Navidades trágicas" responde a una solicitud de su cuñado que le pidió  "un buen crimen violento, con mucha sangre". Y, dicho y hecho, la Christie toma la pluma y le pone en bandeja una historia con un misterio que deberá desentrañar el excelso Poirot en torno a una noble familia no muy bien avenida, la de los Lee, con numerosos hijos más o menos enemistados con un padres tiránico que, sorprendentemente, invita a todos sus descendientes a pasar juntos las fiestas de Navidad en la mansión familiar. Como es costumbre en la autora, la novela se inicia con el retrato individual de los principales personajes, unos breves apuntes sobre cada uno que sirven eficazmente para determinar las personalidades, las debilidades y sobre todo la relación que cada uno de ellos tiene con el viejo Simeon Lee: el hijo obediente que se ocupa del negocio familiar; el soberbio diputado; el artista desligado de la familia; la recién descubierta nieta, un personaje casi "exótico", hija de la única hija ya fallecida y de un español de turbio pasado; e incluso el hijo pródigo, aquel que escapó de malas maneras del dominio del padre y al que se creía muerto. 

Queda claro desde el principio que esta no va a ser una reunión cordial, eso lo comparten todos los asistentes "-¿Una reunión familiar? ¿Qué le pasa al viejo? Antes no tenía nada de sentimental. Tampoco recuerdo que le importase gran cosa la familia. Debe de haber cambiado." Pero en realidad el viejo lo que tiene es un plan, un siniestro plan para enfrentar a todos sus hijos unos contra otros, sólo por el placer de manipular y controlar a todos los que le rodean. Su endemoniado caracter, su actitud tiránica hacia los hijos lo convierte en la víctima propicia de un asesinato, cualquiera de ellos tendrían sobradas razones para desear su muerte. Pero, ¿cuál de todos sus hijos será el auténtico culpable?

La novela se lee con gran soltura, con un estilo moderno que podría corresponder perfectamente a una obra actual, alejada de la envarada corrección británica de otras novelas, los personajes actúan con más soltura de lo habitual, a pesar estar ubicada allá por los años 30 en ocasiones suena casi como una novela contemporánea. Tiene, eso sí, elementos propios de la época como las relaciones distantes entre los miembros de la familia, la lejanía de aquellos que proceden del extranjero que son prácticamente desconocidos para sus propios familiares, hijos ilegítimos nunca reconocidos, elementos todos que sirven de base al investigador para apoyar las posibles razones ocultas que pueden haber llevado al asesinato del viejo patriarca, además de jugar con trucos y engaños que tratan de oscurecer las circunstancias precisas del momento y el modo en que se cometió el crimen. El resultado es una lectura llena de entretenimiento al cien por cien como suele proporcionar siempre una de mis autoras favoritas con la que aprovecho para desearos a todos que tengáis una muy feliz (y nada trágica) Navidad.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Tomorrow will be better (Mañana puede ser un gran día)

Betty Smith vuelve a trasladarnos con "Tomorrow will be better" al Brooklyn de los años 20 donde ya se ubicó su maravillosa primera novela, "Un árbol crece en Brooklyn", el barrio obrero y humilde donde los descendientes de emigrantes irlandeses e italianos se buscan la vida y crían a sus familias entre estrecheces económicas y grandes sacrificios. Flo y Henny Shanon son un matrimonio católico de origen irlandés con una convivencia complicada; en realidad son buenas personas pero han visto como el tiempo pasaba sin ver cumplidos los sueños y aspiraciones que tenían en su juventud. El padre desilusionado y la madre amargada no son ya la pareja ilusionada que soñaba con una vida próspera. Su única hija, Margy, es una chica obediente y respetuosa que, recién terminado el instituto, busca su primer empleo como la mayoría de las jóvenes de familia modesta. Ella quiere triunfar en la vida, no limitarse a encontrar un marido y dedicar su vida a criar hijos, sino que piensa que puede hacer algo importante, diferente y mejor que sus padres. Este esquema se repite en todos los personajes: los jóvenes como Reenie, la compañera de Margy en la oficina o Frankie, el chico por el que suspira la protagonista, son optimistas y ambiciosos, desean escapar de una vida triste y de escasez como las que han llevado sus padres, tienen grandes esperanzas de futuro, al tiempo que llenan su presente con planes para ir a bailar, comprar ropa nueva y disfrutar todo lo posible de su juventud, mientras que los adultos son figuras resignadas a su mala suerte que miran al pasado con añoranza, a los años en que también ellos tenían sueños. Pero lo cierto es que el sueño americano se les escapó de las manos, pero tal vez sus hijos aún estén a tiempo de alcanzarlo.

La novela supone una lectura amable, con todo el aire de inocente bondad y positivismo que convierte a los personajes por lo general en buenas personas, los hijos respetan a sus padres a pesar de no estar de acuerdo con sus ideas y tener siempre ansias de superar su situación, de no caer en sus mismos errores. Se repite mucho la idea de que los jóvenes tienen un futuro brillante ante ellos, toda una vida para disfrutar y ascender en la sociedad aunque sospechemos que la realidad los acabará defraudando finalmente. El libro retrata la sociedad americana durante unos años de grandes dificultades económicas, escasez y escasas perspectivas pero que contaba con unos ciudadanos honrados y trabajadores con un fuerte apoyo familiar, especialmente en las familias católicas de origen europeo recién inmigrados, humildes pero luchadores. El resultado es un relato impregnado de tristeza y esperanzas, de inocencia y rebeldía a partes iguales